Cuando me dirigí a Yasaburo para tomar ejemplo de su arte caligráfico, él me dijo: “Deberás escribir con caracteres suficientemente largos para que uno solo de ellos cubra toda la hoja, y con suficiente fuerza como para desgarrarla. La habilidad y la caligrafía dependen del espíritu y de la energía con las cuales se la ejecute. El samurai debe obrar sin dudas, sin tener la menor fatiga ni el más ligero desánimo hasta que concluya su tarea. Eso es todo.” Y se puso a escribir.