26 February On Character (2)
Bill Watterson
“Los personajes funcionan mejor cuando dejan de contarnos lo que piensan y empiezan a hacer cosas que muestran lo que están pensando.”
Bill Watterson
“Los personajes funcionan mejor cuando dejan de contarnos lo que piensan y empiezan a hacer cosas que muestran lo que están pensando.”
Bill Watterson
“Un error al principio era mucho más costoso que uno cerca del final, porque los errores iniciales formaban parte de los cimientos.”
That Old Cape Magic. Richard Russo

This is something no one will ever teach you. It’s a mere “sequential breakdown”. It contains the entire film to be contemplated at a glance. Here you can see its duration, its rhythm, the dramatic development, the relations between its different plots, the story’s strength… All of it! (and then, some more).
Now, why hasn’t anybody told you about this? How come screenwriting manuals don’t even mention it?
Quite easy, because it’s an internal work document that screenwriters never show anybody. Ever!
Most people aren’t interested in learning how much of the script writing process is organic. They prefer something a bit “smoother”. To use a medical equivalent, they would choose to look at a functional scheme of the human body over watching images from a surgery (not to mention attending one in person!).
We find a diagram to be clearer (as in simple) and less aggressive (as in aseptic).
The sequential breakdown, as occurs with the outline, is not the script (and even less is it the film). It’s rather an embryonic definition that answers most of the questions that in this phase of writing we need to be able to ask and answer ourselves.
Even so, as a document, it is fragile enough to suffer irreparable damage if treated carelessly.
And this is the reason why screenwriters are reluctant to show this type of breakdown. Who would sink the ship before it reaches port?
Esto es algo que nadie, nunca, te va a enseñar. Se trata simplemente de una “escaleta por secuencias”. Aquí tienes toda la película, y la puedes contemplar a simple vista. Puedes ver la duración, el ritmo, el desarrollo dramático, la relación entre las diferentes tramas, los puntos fuertes de la historia… ¡Todo eso! (y alguna cosa más).
Entonces… ¿Por qué nadie te ha hablado de ello? ¿Por qué los manuales sobre escritura de guión ni siquiera lo mencionan?
Fácil. Porque es un documento interno de trabajo que el guionista no enseña a nadie. ¡A nadie!
La escritura de un guión es un proceso demasiado orgánico como para ser plato de gusto de muchos. La mayoría prefiere algo “más suave”. Por poner un equivalente médico, optarían por ver un esquema del funcionamiento del cuerpo humano antes que ver las imágenes de una intervención quirúrgica (¡por no hablar de asistir en persona!).
El diagrama nos resulta más claro (por simple) y menos agresivo (por aséptico).
La escaleta de secuencias, como el esquema, no es el guión (y mucho menos la película), pero es un embrión lo suficientemente definido como para responder a muchas de las cuestiones que, en esta fase de escritura, tenemos que ser capaces de preguntarnos y responder.
Aún así, también es un documento lo suficientemente frágil como para, si se trata con brusquedad, sufrir daños irreparables.
De ahí que los guionistas ofrezcan cierta resistencia a mostrar este tipo de escaleta. ¿Quién querría hundir el barco antes de llegar a puerto?

Sometimes you have asked yourself: “What does a screenplay look like?˝ So, here you have the answer. This is not a synopsis, nor a treatment or a screenplay. It’s just the blueprint to build them all, but without it, I would have nothing.
This, in fact, is the map from the screenplay I’ve written this summer. Some things have lasted, some have changed, but I never felt lost. Keeping my path, finding my way… expecting surprises, sure. That’s what screenwriting is all about. But if you have a blueprint pinned to the wall next to you, you know you will arrive safe and sound. Or won’t.
A veces te has preguntado: “Qué pinta tiene un guión de cine”? Bueno, aquí tienes la respuesta. Esto no es una sinopsis, ni un tratamiento ni un guión. Es sólo el plano para construirlos, pero sin él, no tendría nada.
Éste, de hecho, es el mapa del guión que he escrito este verano. Algunas cosas se han mantenido, otras han cambiado, pero en ningún momento me sentí perdido. Siguiendo mi línea, buscando mi camino… esperando sorpresas, seguro. De eso va esto de escribir. Pero si tienes un plano en la pared a tu lado, sabes que llegarás sano y salvo. O no.
The Wire #5.5Teleplay David Mills. Story David Simon & David Mills. Creator David Simon
Este diálogo transcurre en la sala del consejo de redacción del periódico “The Sun”, uno de los lugares centrales de la quinta temporada de la serie. Es a un mismo tiempo un homenaje al cineasta más famoso de la ciudad y una crítica mordaz al papel y actitud que desempeñan hoy en día los medios de comunicación.

Es él, ya sabes… ¿Cómo, que no lo recuerdas? Sí, hombre, sí. Es… Es ese endemoniado Peachy Carnehan. Imagínatelo vestido de uniforme. No. No, no. ¿Cómo he podido confundirlo? Es el teniente Gonville Bromhead. O se le parece muchísimo. ¡Ahora caigo! ¿Cómo se llamaba aquel joven que vivía cerca de casa? Hace tanto, de eso… Elk…, Elkins, Alfie Elkins. Creo. Espera, espera, pero si es el doctor Robert Elliot, sí que lo es. Aunque…podría ser Milo Tindle. Pero, no, claro. ¡Si es Jack Carter! No le había reconocido con gafas. ¿O es Charlie Croker? No. Un tipo así sólo puede ser Nicholas Urfe. Pero… ¡No! Claro, así de joven, cuesta identificarlo. Es el criado de Batman, ¿cómo se llama? Alfred, Ése es. Hum… Pero hay algo que no… ¡Ya lo sé! Ese gesto, esa mirada… Es Harry Palmer, no podía ser otro. Es increíble lo que se parece este hombre a Michael Caine. ¿no?

Little John is now Young “Crazy” John is now Big John is now Old “Screwed Up” John.
El pequeño John ahora es el joven alocado John, ahora es el gran John, ahora es el viejo y jodido John
Apreciados miembros de la comunidad:
El recuerdo de los últimos acontecimientos se encuentra dolorosamente presente en la memoria de todos y por ello, y por ahorraros el sufrimiento y la vergüenza de escucharlos de nuevo, prefiero obviarlos. En lugar de eso, aprovecharé la ocasión para presentaros mis sinceras disculpas y confesaros lo que, a día de hoy, entiendo que ha sido por largo tiempo mi gran pecado de omisión.
Las grandes tormentas se forman poco a poco. Sólo aquellos que no miran al cielo ni leen correctamente los signos que aparecen en él se sorprenden cuando cae el aguacero. Y yo, lo reconozco, me siento como el avestruz que aparta la vista ante la proximidad del peligro.
Murmuráis. Lo comprendo. No os gusta escuchar las palabras que salen de mi boca, como tampoco a mí me gusta pronunciarlas, pero no podemos esconderlo por más tiempo: hemos recogido el amargo fruto de la semilla que nosotros plantamos.
Parece que fue ayer, y sin embargo han pasado mucho años de esto, cuando llegó a nuestra comunidad un nuevo miembro, entonces casi un recién nacido, hoy un hombre maduro. El pequeño John, le llamábamos entonces. Un chico enclenque y de ojos saltones que se escondía tras sus progenitores cuando te cruzabas con ellos por la calle. Un chico tímido, comentábamos, con una sonrisa displicente. Un día los encontré y le dije: “Pequeño John, no tienes por qué esconderte. Ésta es una comunidad amistosa, y todos y cada uno de los que formamos parte de ella tenemos nuestro lugar. Así que no debes temer nada, muéstrate tal como eres y con el tiempo sabrás dónde debes estar”. Eso fue lo que le dije.
Pasaron los años, el pequeño John creció, y se convirtió en el joven John. El joven y alocado John. Se dejó el pelo largo y empezó a frecuentar malas compañías. Y no sólo eso, también se convirtió en un chico respondón. Cuando le decías “Joven John, no es bueno que andes con esas gentes” él contestaba “¿Qué hay de malo en ello? Todos somos miembros de la comunidad, buscando nuestro lugar”. Pero como digo, no se lo tuvimos en cuenta. Preferimos achacarlo a la falta de madurez propia de su edad en lugar de ver que la raíz del problema era más profunda. Y es que el mal, cuanto mayor es, más sutilmente se mueve, podéis creerme.
Pasaron los años. El joven John siguió creciendo y, como hasta en el mal más terrible no se puede extirpar por completo la semilla del bien que pudo contener, de todas las barbaridades que el joven John hiciera creímos ver algo digno de ser rescatado. Tal vez lo que en realidad ocurrió fue que, debido a la insistencia, nos acostumbramos a sus tropelías e improperios, sus bromas escatológicas y su tono histriónico y chillón. El caso es que nos olvidamos de todo eso y quisimos ver en él a un artista. ¡Cuánta astucia empleó John! Sin duda ésa era una buena excusa para justificar sus excentricidades, incluso para que siguiera manteniendo ciertos usos y costumbres que no eran del agrado de la comunidad. Pero… ¡si hasta le nombramos hijo predilecto de la ciudad! Y es que no hay más ciego que el que no quiere ver.
Pero al igual que cada año tiene su invierno, cada rebaño tiene su oveja negra y, en última instancia, la verdad siempre aflora. La pasada noche, víspera de Navidad, una patrulla de policía localizó a un individuo que intentaba introducirse en el domicilio de una familia. Iba vestido de rojo y tocado con un gorro terminado en una borla. En el momento de su detención se identificó al sujeto como John, el viejo John. Ante el requerimiento de los agentes, se limitó a decir: “Por fin he encontrado mi lugar. Traigo para todos ilusión, esperanza y alegría.”
¿Se puede imaginar afrenta mayor? No evito responsabilidades. Si nuestros valores fundamentales se ven hoy ultrajados, si se escupe sobre nuestros símbolos más sagrados, es porque hemos sido víctimas de nuestra propia tolerancia. Tal vez, hace muchos años, cuando me encontré al chico por la calle, tenía que haber imaginado el futuro, haber sido fuerte, mostrar más entereza y, pensando en el bien común, haber dicho: “Pequeño John, en esta comunidad no hay sitio para ti”.

“El cine de mañana no será realizado por funcionarios de la cámara. Individual y autobiográfico como una confesión o como un diario íntimo, el cine de mañana se parecerá a quien lo rodó.”
François Truffaut